| POEMAS AMADO NERVO | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| LA PUERTA LA RAZA DE BRONCE MEXICANAS SI TU ME DICES VEN SI UNA ESPINA ME HIERE YO NO SOY DEMASIADO SABIO. LLENALO DE AMOR A NEMESIS |
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| LA PUERTA Por esa puerta huyó diciendo "¡Nunca!" Por esa puerta ha de volver un día ... Al cerrar esa puerta dejo trunca la hebra de oro de la esperanza mía. Por esa puerta ha de volver un día. Cada vez que el impulso de la brisa, como una mano débil indecisa, levemente sacude la vidriera, palpita más aprisa, más aprisa, mi corazón cobarde que la espera. Desde mi mesa de trabajo veo la puerta con que sueñan mis antojos y acecha agazapando mi deseo en el trémulo fondo de mis ojos. ¿Por cuánto tiempo, solitario, esquivo, he de aguardar con la mirada incierta a que Dios me devuelva compasivo a la mujer que huyó por esa puerta? ¿Cuándo habrán de temblar esos cristales empujados por sus manos ducales, y, con su beso ha de llegar a ellas, cual me llega en las noches invernales el ósculo piadoso de una estrella? ¡Oh Señor!, ya la pálida está alerta; ¡oh Señor, cae la tarde ya en mi vía y se congela mi esperanza yerta! ¡Oh, Señor, haz que se abra al fin la puerta y entre por ella la adorada mía!... ¡Por esa puerta ha de volver un día!. Amado nervo |
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| LA RAZA DE BRONCE Señor, deja que diga la gloria de tu raza, la gloria de los hombres de bronce, cuya maza melló de tantos yelmos y escudos la osadía: !oh! caballeros tigres, !oh! caballeros leones, !oh! caballeros águilas, os traigo mis canciones; !oh! enorme raza muerta, te traigo mi alegría. Aquella tarde, en el Poniente augusto, el crepúsculo audaz era en una pira como de algún atrida o de algún justo; llamarada de luz o de mentira que incendiaba el espacio, y parecía que el sol al estrellar sobre la cumbre su mole vibradora de centellas, se trocaba en mil átomos de lumbre, y esos átomos eran estrellas. Yo estaba solo en la quietud divina del Valle. ¿Solo? ¡No! La estatua fiera del héroe Cuauhtemoc, la que culmina dispersando su dardo a la pradera, bajo del palio de pompa vespertina, era mi hermana y mi custodio era. "Eras tú, y a tus pies cayendo al verte —te murmuré— quiero ser fuerte; dame tu fe, tu obstinación extraña; quiero ser como tú, firme y sereno; quiero ser como tú, paciente y bueno; quiero ser como tú, nieve y montaña. Soy una chispa; ¡enséñame a ser lumbre! Soy un gujarro; ¡enséñame a ser cumbre! Soy una linfa: ¡enséñame a ser río! Soy un harapo: ¡enséñame a ser gala! Soy una pluma: ¡enséñame a ser ala, y que Dios te bendiga, padre mío!". Y hablaron tus labios, tus labios benditos, y así respondieron a todos mis gritos, a todas mis ansias: —"¡No hay nada pequeño, ni el mar ni el guijarro, ni el sol ni la rosa, con tal de que el sueño, visión misteriosa, le preste sus nimbos, y tu eres el sueño! "Amar, ¡eso es todo!; querer, ¡todo es eso! Los mundos brotaron el eco de un beso, y un beso es el astro, y un beso es el rayo, y un beso la tarde, y un beso la aurora, y un beso los trinos del ave canora que glosa las fiestas divinas de mayo". Yo quise a la Patria por débil y mustia, la Patria me quiso con toda su angustia, y entonces nos dimos los dos un gran beso; los besos de amores son siempre fecundos; un beso de amores ha creado los mundos; amar... ¡eso es todo!; querer... ¡todo es eso! Amado nervo |
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| MEXICANAS Con su escolta de rancheros, diez fornidos guerrilleros y en su cuaco retozón que la rienda mal aplaca, Guadalupe la chinaca va a buscar a Pantaleón. Pantaleón es su marido, el gañán más atrevido con las bestias y el la lid. faz trigueña, ojos de moro y unos músculos de toro y unos ímpetus de Cid. Cuando mozo fue vaquero, y en el monte y el potrero la fatiga le templó. para todos los reveses, y es terror de los franceses y cien veces lo probó. Con su silla plateada, su chaqueta alamarada, su vistoso cachirul y su lanza de cañotos, cabalgando pencos brutos ¡ qué gentil se ve el gandul! Guadalupe esta orgullosa de su prieto; ser su esposa le parece una ilusión, y al mirar que en la pelea Pantaleón no se pandea, grita: ¡ viva Pantaleón! ella cura los heridos con remedios aprendidos en el rancho en que nació, y los venda en los combates con los rojos paliacates que la pólvora impregnó. En aquella madrugada todo halaga su mirada finge pórfido el nopal y los órganos parecen candelabros que se mecen con la brisa matinal. En los planos y en las peñas, el ganado entre las breñas, rumía y trisca mugidor azotándose los flancos, y en los húmedos barrancos busca tunas el pastor. A lo lejos, en lo alto, bajo un cielo de cobalto que desgarra su capuz, van tiñéndose las brumas, como un piélago de plumas irisadas en la luz. y en las fértiles llanadas, entre milpas retostadas de color, pringan el plan, amapolas, maravillas, zempoalxóchitls amarillas y azucenas de san juan. Guadalupe va de prisa de retorno de la misa, que en las fiestas de guardar, nunca faltan las rancheras, como sus flores y sus ceras, a la iglesia del lugar; con su gorra galoneaba, su camisa pespunteada, su gran paño para el sol, su rebozo de bolita, y una saya suavecita y unos bajos de charol; con su faz encantadora, más hermosa que la aurora que colora la extensión, con sus labios de carmines, que parecen colorines, y su cutis de piñón, se dirige al campamento, donde reina el movimiento y hay mitote y hay licor, porque ayer fue bueno el día, pues cayó en la serranía un convoy del invasor. ¡que mañana tan hermosa! ¡cuánto verde, cuanta rosa y que linda la extensión! rosa y verde se destaca, con su escolta, la chinaca, que va a ver a Pantaleón. amado nervo. |
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| SI TU ME DICES: VEN Si tú me dices: "¡Ven!", lo dejo todo... No volveré siquiera la mirada para mirar a la mujer amada... Pero dímelo fuerte, de tal modo que tu voz, como toque de llamada, vibre hasta en el más íntimo recodo del ser, levante el alma de su lodo y hiera el corazón como una espada. Si tú me dices: "¡Ven!", todo lo dejo... Llegaré a tu santuario casi viejo, y al fulgor de la luz crepuscular; mas he de compensarte mi retardo, difundiéndome, ¡oh, Cristo!, como un nardo de perfume sutil, ante tu altar. Amado nervo |
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| SI UNA ESPINA ME HIERE... Si una espina me hiere, me aparto de la espina, ... ¡pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, esquívase en silencio mi planta, y se encamina hacia más puro ambiente de amor y caridad. ¿Rencores? ¡De qué sirven! ¡Qué logran los rencores? Ni restañan heridas, ni corrigen el mal. Mi rosal tiene apenas tiempo para dar flores, y no prodiga savias en pinchos punzadores: si pasa mi enemigo cerca de mi rosal, se llevará las rosas de más sutil esencia; y si notare en ellas algún rojo vivaz, será el de aquella sangre que su malevolencia de ayer vertió, al herirme con encono y violencia, y que el rosal devuelve, ¡trocado en flor de paz! Amado nervo |
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| YO NO SOY DEMASIADO SABIO.... Yo no soy demasiado sabio para negarte, Señor, encuentro lógica tu existencia divina; me basta con abrir los ojos para hallarte; la creación entera me convida a adorarte, y te adoro en la rosa y te adoro en la espina. ¿Qué son nuestras angustias para querer por ellas argüirte de cruel? ¿Sabemos por ventura si tú con nuestras lágrimas fabricas las estrellas, si los seres más altos, si las cosas más bellas se amasan con el noble barro de la amargura? Esperemos, suframos, no lancemos, jamás a lo invisible nuestra negación como un reto. Pobre criatura triste, ¡ya verás, ya verás! La muerte se aproxima... ¡ De sus labios oirás el celeste secreto! Amado nervo |
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| LLENALO DE AMOR Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor. Adolescente, joven, viejo: siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor. En cuanto sepas que tienes delante de ti un tiempo baldío, ve a buscar amor. No pienses: Sufriré. No pienses: Me engañarán. No pienses: Dudaré. Ve, simplemente, diáfanamente, regocijadamente, en busca del amor. Qué índole de amor? No importa. Todo amor está lleno de excelencia y de nobleza. Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas... pero ama siempre. No te preocupes de la finalidad del amor. Él lleva en sí mismo su finalidad. No te juzgues incompleto porque no responden a tus ternuras; el amor lleva en sí su propia plenitud. Siempre que haya un hueco en tu vida, llénalo de amor! Amado Nervo |
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| A NEMESIS Tu brazo en el pensar me precipita, me robas cuanto el alma me recrea, y casi nada tengo flor que orea tu aliento de simún, se me marchita. Pero crece mi fe junto a mi cuita, y digo como el Justo de Idumea: Así lo quiere Dios, ¡bendito sea!; El Señor me lo da y El me lo quita. Que medre tu furor, nada me importa; Puedo todo en aquel que me conforta, y me resigno al duelo que me mata; Porque, roja visión en noche obscura, Cristo va por mi vía de amargura agitando su túnica escarlata. Amado Nervo |
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