POEMAS
MARIO GARRIDO LECONA


CARTA A MI HIJO
Hijo  mío, la más  amada de mis obras, la más valiosa, la única que  podría hacerme  perdurar a través del tiempo, y hacer que sienta no haber pasado la vida sin dejar huella.

Tú, hijo mío, serás mi continuación, serás la  realización de mis más caros anhelos y  tus triunfos serán mis goces presentidos y serán mi orgullo actual, que se despierta, cuando miro tus ojos encendidos de extraña e incomprensible luz, producto inmaterial de fantásticas visiones que anidan en tu frente en desarrollo.

Hijo,  empiezas  a vivir y no comprendes,  aunque sientas, el impacto  tremendo de las leyes a que todo ser viviente  está sujeto.  Empiezas a sentir extrañas  cosas  sin que  encuentres  el  nombre que has de darles; quisieras  abarcar  el infinito  y llenar tu  cabeza de  certezas,  que  por  hoy,  solamente  está  poblada  de angustiosas dudas y  una que otra  verdad mal  comprendida. Quisiera que al mirar o al escuchar lo que te escribo,  sintieras   cuando  menos,  que  yo, si  te  comprendo,  que  yo  sí te  conozco  y  que  por  ello, comprendiéndote, conociéndote y amándote, no voy a exigirte perfecciones, ni a exigirte que seas como yo quiero, no voy a encerrarte en ese molde donde cuajan vistosas gelatinas. Tú, eres tú, mi hijo sí, a quien he heredado muchas cosas, quizás, para mí desconocidas, pero de todas, la más importante, la vida misma que habrá de  realizarse en  condiciones,  circunstancias,  factores,  etapas  de tiempo y de doctrinas por mí no controlables, por ello, de antemano habré de respetarte y habré, aún más, de comprenderte y comprender tu época, tu medio, tus semejantes y no me sentiré defraudado cuando vea que no eres como yo fui a tu edad, que no  te gusta la  música que a mí  me embelesa y no  te creeré  loco porque sueñes en llegar algún día, a pisar otro suelo, en otro planeta que yo ignoro.

Quiero advertirte que algunas veces, sentirás el temor de hallarte solo, de sentirte abandonado, de empezar a caminar  por sendas de  un final desconocido,  pero eso, hijo mío,  no  debe anonadarte  ni  debe decidirte a un descanso  fingido e improducente,  eso, es tan solo,  algo común al ser viviente; sigue, sigue tu adelante, hasta que logres ver tu esfuerzo coronado y sientas tu ser mismo complacido.

Comprobarás  que en el mundo no estás solo, aunque el Padre y la Madre se hayan ido, mirarás otros niños, otros hombres y  al mirarlos sentirás  que son ellos tus hermanos, que buscan que les brindes tu cariño, que quieren compartir contigo el fruto de su esfuerzo y de tu esfuerzo y acogerte en su seno, como miembro de una familia feliz, que tiene como casa el   U N I V E R S O.

Te ama, tu Papá.
Mario.


MARIO  GARRIDO LECONA
1