POEMAS
MARIO GARRIDO LECONA
MADRIGAL

CAUTIVO

A TU MANERA

PARA NACER. ¡QUE TRABAJO!

FALSA BELLEZA

ANGUSTIA

QUE DOLOR TAN INTENSO SUFRE MI ALMA.
MADRIGAL


Ojos de color extraño
que tanto me gusta ver,
porque sois el desengaño
que más le produce daño,
a mi ciego parecer.

Pareceis color de acero,
a veces color de mar,
algunas veces de cielo
y las más, que desespero,
de sombra crepuscular.

Más el color que tuviereis
de qué me sirve indagar,
que siendo lo que no fuereis,
mayor placer no pudiereis
al verme, proporcionar.

mgl
CAUTIVO


¡Ay! Señor, no entiendo nada,
no entiendo ni porqué vivo,
tengo la mente embotada,
la razón obnubilada
y el pensamiento cautivo.

Los años que ya he vivido
desérticos me parecen,
y juzgo tiempo perdido,
los hechos que no he entendido,
sacar de donde fenecen.

Ser de mis dudas cautivo,
cautivo de mis temores,
siendo sin querer altivo
y ser lo más primitivo
sin goces y sin amores.

mgl
A TU MANERA

Déjame ser, Señor, a tu manera,
deja que sufra lo que Tú sufriste,
porque pueda al final, cuando me muera
alcanzar esa paz que prometiste.

Sé, que ser como Tú, será imposible
porque eres el Creador y yo lo creado,
pero sé que quisiste hacer posible
que imitemos tu vida sin pecado.

Soy tan débil Señor, que sin tu ayuda
ni tan solo el intento lograré;
que ya mi alma al pensarlo siente duda
mirando decrecer su buena fé.

mgl
PARA NACER ¡QUE TRABAJO!

Para nacer ¡que trabajo!
que dolor y que impaciencia,
para la madre que de tajo,
que duplica su existencia.

Que tremendos los dolores,
-de solo verlos me aflijo-
porque nazca en sus amores
aquel tan deseado hijo.

El sufrimiento que siente
de todo mal la redime,
que el brote de la cimiente
es el momento sublime.

¡Que feliz la madre llora,
alterna risa con llanto
callados ruegos implora
de los santos, al más Santo!

mgl
FALSA BELLEZA

Mujeres que os sentis las soberanas
y confiais demasiado en la belleza,
creyendo que no acaban las mañanas
sino en tardes de goce y de pureza.

Dolor y risa causa contemplaros
esgrimiendo con arte vuestro orgullo,
discutir demasiado, hasta cansaros,
que este vestido es fino más que el suyo.

Olvidando, insensatas, que en la vida
todas son ilusiones pasajeras
que atormentan el alma entristecida,

Y que feas, bonitas y embusteras,
ya sin fijarse lo que en vida fueron,
todas son cuando mueren calaveras.

     1946.

mgl
ANGUSTIA


Con profunda pena me alejé pensando,
cual sería la causa que sufrir te hacía.
Pregunté a la gente que veía pasando,
pero nada, nadie, contestar sabía.

Caminé en silencio, más meditabundo
porque nada, nadie, del dolor sabía.
Vi la indiferencia que presenta el mundo,
pero al preguntarle… Nada respondía.

A los elementos pregunté angustioso,
por si alguno de ellos, responder sabía,
y me dijo el Viento, siempre misterioso,
que quizás la noche, la verdad sabría.

Esperé a la noche que llegó en silencio,
con su faz de luto, con hiriente calma
y me dijo luego que me vió en suspenso:
-La verdad que buscas, la conoce tu alma-.

Y le dije: Noche que mi al mitigas,
pues que yá, resuelto, mi problema está,
por tu eterno luto, quiero que me digas,
dónde mi pobre alma, dónde se hallará.

Ante tal problema se apenó la noche,
me miró muy triste y me dijo así:
-No es ningún consuelo ni es ningún reproche:
si has perdido tu alma… Infeliz de ti-.

“Para que pretendes aliviar dolencias,
conocer problemas y aconsejar
si tus pobres fuerzas y tus incumbencias,
ante lo infinito, nada lograrán”.

“Todo lo que digas, lo que tú perores,
como tú, sin alma, hueco se hallará;
intenciones buenas, han de ser errores
que la gente sabia te descubrirá”.


“Si pretendes, loco, darle algún consuelo,
porque ves que sufre sin saber por qué,
da mejor las gracias al clemente Cielo…
el amor lastima… pero, no se ve”.

“Aunque veas que sufre y aunque veas que llora,
mucho más dichosa, ha de ser que tú,
porque tiene “un alma” que la dicha implora,
transparente y pura, como de Tisú”.

“La mejor ayuda que prestarle puedes,
es que no pretendas ayudarla más,
porque tú, hacia el fango, sin remedio ruedas
y de lo que toques, ¡todo enfangarás!.

mgl
¡QUE DOLOR TAN INTENSO SUFRE MI ALMA!

¡Que dolor tan intenso sufre mi alma!
¡Mi razón cuanto pena en comprenderlo!
por que mi pecho con amor te ensalma
y a ese amor prontamente he de perderlo.

El amor, dice explícito el poeta
es de todas, la pasión más noble,
las ansias siempre de triunfar despierta
y troca la flaqueza en duro roble.

-El amor es la vida- sigue hablando,
y la dicha más grande es su dolencia
en los actos del hombre es voz de mando
y es la meta final de la existencia.

¡Como envidio al que canta en esa forma,
como él quisiera mi poesía decir…!
Llevar quisiera su teoría por norma
y sentir ese gozo en el sufrir.

Pero no, que sufrido ya he bastante
y mucho todavía he de sufrir,
y nunca en gozo mudará un instante
la gran tragedia de mi mal, vivir.

Que te quiero, mujer, ya lo has probado,
pero, dime con toda la verdad:
¿no es cierto que mi mal te ha emponzoñado
y ha cundido en rubor tu castidad?

¿Y no es cierto también que muchas veces
has sentido deseos de no quererme,
y que sufres, mujer, y que padeces
cuando piensas que al fin has de perderme?

Cierto. Todo es un mar de confusiones.
La mente se enajena y desearía
crear un mundo poblado de ilusiones,
y llora al comprobar su fantasía.


Al quererte mujer te causo daño
por querer evitarte dicho mal,
y al tratar de evitarlo más me ensaño
y te hiero y me hiero sin piedad.

Herirte tantas veces ya no quiero
perdona las dolencias ya causadas,…
deja de abrojos mi fatal sendero
y marcha en el de flores perfumadas.

Que en él encontrarás castos amores
más grandes que la cauda de un cometa,
y de dicha han de ser sus sinsabores
como afirman los cantos del poeta.

mgl
1