POEMAS
MARIO GARRIDO LECONA
CONSEJO PARA MIS HIJOS

YO NO SE SI MAL ENTIENDO

NADA HE DE PODER DECIRTE

LA LEYENDA DE SAN LUNES

CUANDO MIRO TUS OJOS COMO MIRAN
CONSEJO PARA MIS HIJOS

Sin dobleces ni acertijos,
lo que he comprobado os digo:
Que en este mundo mis hijos
solo el libro es nuestro amigo.

Siempre estando a lo que digas,
todo lo que tiene da,
lo alabes o lo maldigas
si lo guardas estará.

Cuídalo y tenlo contigo,
comprobarás lo que digo,
cuando afirmo que el amigo,
mejor del hombre, es el libro.

mgl
YO NO SÉ SI MAL ENTIENDO

Yo no sé si mal entiendo,
o entienden mal lo que digo,
si ilusión es lo que viendo
en vano acoso y persigo.

Digo que por mal habido
será el desobedecer,
el orgullo mal tenido
y el mentir de una mujer.

Pero dice la que oyere
que ello nunca puede haber
que al pensarlo se la hiere
por lo noble de su ser.

Que ni miente ni ha mentido
porque es misma la verdad,
ni hay orgullo mal tenido
si ello crea la humanidad.

La obediencia es don del cielo,
que la ensalsa y que la abisma,
por lo cual con grande celo
se obedece, por sí misma.

Ante tal razonamiento
mi contrario parecer
no halla calma ni un momento
ni comprende a la mujer.

mgl
NADA HE DE PODER DECIRTE

Nada he de poder decirte
que no adivinaras ya,
sin embargo, el escribirte
algo quizás te dirá.

Quizá entre líneas te diga
envuelto en palabrería
que siendo más que mi amiga
menos amistad habría.

Que solo amistad buscamos
que nos uniera a los dos,
pero poco a poco vamos
de otros afanes en pos.

Ni quieres, ni yo lo quiero,
ni lo acepta la razón,
más cual incolumne acero
se clava en el corazón.

Es algo que no se sabe,
que no se puede nombrar
que ya en la mente no cabe,
que todo lo va a inundar.

Es algo que martiriza,
causando a la vez placer,
que llanto produce y risa
queriéndolo o sin querer.

mgl
LA LEYENDA DE SAN LUNES
   Para la sra. Ernestina Garrido
     vda. de Del Villar.


  I

En un pueblo muy lejano,
escondida en la montaña,
donde el sol sale temprano
por que la mima y la baña,
está una casa encantada
donde la dueña escondió
las luces de la alborada
y todo el bien que forjó.

Es una casa gigante
donde no se puede entrar
sin la bondad de estandarte
y la paz para sembrar.

Viejos arbustos cuidando
de día y de noche se ven
y entre sus ramas cantando
las aves con su vaivén.

Parece un mar de colores
derramados al azar,
las corolas de las flores
y el verde del pastizal.

Dicen las gentes de afuera
que quien pise este jardín,
vivirá en la primavera,
desde ese instante hasta el fín.

El jardín tiene riachuelos
y estanques que son espejos,
donde la flor tiene celos
por sus románticos dejos.

Gansos y cisnes donosos
por los jardínes pasean,
con movimientos graciosos
para que todos los vean.

Como guardada entre flores,
o como un lecho bordado,
da la estancia resplandores
del color de lo soñado.

Mil piezas forman la casa,
cocinas y comedores,
y un reloj, donde no pasa
el tiempo entre bastidores.

Alfombras de espesa lana,
la chimenea señorial,
seda y luz en la ventana
y arcoiris de cristal.

Todo parece de ensueño,
de ideal o de fantasía,
la realización de un sueño
nacido de una poesía.

  II

Según cuenta la leyenda,
en esta casa vivió
la pareja mas que buena,
que la gente conoció.

El, un señor temerario
valeroso a toda prueba;
Ella un alma del rosario
que amor y belleza entrega.

Los dos en correspondencia
de sentimientos están:
El, la adora con violencia
y Ella, lo ama de verdad.

Ahí felices pasaron,
no se sabe cuanto tiempo,
pero su dicha sembraron
en el mundo y en el templo.

Nunca hubo un menesteroso
que llamando en esa puerta,
no recibiera gustoso
ayuda tangible y cierta.

Los monjes de saya burda,
Clarisas y Carmelitas,
correspondían a su ayuda
con la promesa infinita:

“Que Dios la colme señora,
que Dios lo colme señor,
de la Gracia Redentora
que nos confirma su amor”.

Dicen que continua fiesta,
con dulces y con cariño,
era siempre la respuesta
a los lamentos de un niño.

  III

Hoy han pasado los años...
Una queda de los dos,
Ella sigue los peldaños
por donde El, llegó hasta Dios.

  IV

Aseguran los pastores
que la casa está encantada,
que de ahí salen fulgores
de una luz inmaculada.

Que de tarde o de mañana,
que por la noche o de día,
el que pase en mente sana
oye sana algarabía.


Oye niños, que felices
juegan y cantan adentro;
miran aves en deslices
de ternura y de contento.

Y dicen, esos pastores,
jurándolo por su estrella,
que en esa casa con flores,
está la mujer más bella.

mgl
CUANDO MIRO TUS OJOS COMO MIRAN

Cuando miro tus ojos como miran,
con esa placidez que me subyuga,
parece algunas veces que suspiran
por algo en el espacio que se fuga.

Parece que quisieran ser un rayo
que cruza por el eter desde el cielo,
o ser como la queja de un desmayo
que vuela tras la huella de un anhelo.

Te miro con amor embelesado,
buscando en vano lo que ven tus ojos,
y luego silencioso, muy callado
abogo porque logres tus antojos.

Quisiera que tus sueños, tus desvelos,
tus ansias de querer a quien te quiere,
dejaran ya por fin de ser anhelos
y fueran realidad que nunca muere.

Si nada puedo hacer queriendo hacerlo,
por que alcances la dicha que mereces,
haciendo que tan solo por quererlo
mis horas de indolencia desvaneces.

Si tuviera algo digno, que valiera,
a tus plantas, mujer, ofrecería
pero tengo tan solo mi quimera,
mi pobreza y mi loca fantasía.

Guardo un algo, quizás que había ocultado
por que tiene menor cotización
decrépito, luctuoso y lacerado
le llamo a esa piltrafa corazón.

A duras penas su labor realiza
callando sus angustias noche y día,
a veces en las noches agoniza
y logra renacer durante el día.

Ya tiene a quien sonar en la noche
ya tiene en quien pensar durante el día,
tiene a quien brindar este derroche
de frases que pretenden su poesía.

Tú le inspiras, le colmas, le confortas
con tu efigie de forma angelical,
y en la forma sutil con que te portas
la bondad le antepones a su mal.

Tú, tan buena, tan casta, tan honesta
tan hermosa y tan llena de atracción
a mis dudas propones la respuesta
dejando complacida mi razón.

Si nada tengo de ofrecerte digno,
permite al menos que te de mi ser
que amarte siempre me ordenó mi signo
aunque fuera el amarte padecer.

Si acaso alguna vez necesitaras
destruirte tu falsa soledad,
bastaría nada más con que llamaras
al que te ama callando su ansiedad.

Y si acaso también, Dios no lo quiera,
si tuvieras la pena que sufrir
con llamarme a tu lado, donde fuera
tus pesares tendrías que compartir.
mgl
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