| POEMAS SALVADOR DIAZ MIRON | ||||||||||||||||||||||||||||||||
| A GLORIA DESEOS ESPINELAS LA ORACION DEL PRESO LOS PARIAS MUDANZA PAQUITO |
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| Espinelas Que como el perro que lame la mano de su señor, el miedo ablande el rigor con el llanto que derrame; que la ignorancia reclame al cielo el bien que le falta. Yo, con la frente muy alta, cual retando al rayo a herirme soportaré sin rendirme la tempestad que me asalta. No esperes en tu piedad que no inflexible se tuerza: yo seré esclavo por fuerza pero no por voluntad. Mi indomable vanidad no se aviene a ruin papel. ¿Humillarme? Ni ante aquel que enciende y apaga el día. Si yo fuera ángel, sería el soberbio ángel Luzbel. El hombre de corazón nunca cede a la malicia. ¡No hay más Dios que la justicia ni más ley que la razón! ¿Sujetarme a la presión del levita o el escriba? ¿Doblegar la frente altiva ante torpes soberanos? Yo no acepto a los tiranos ni aquí abajo ni allá arriba. Salvador Díaz Mirón |
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| A GLORIA No intentes convencerme de torpeza con los delirios de tu mente loca: ¡mi razón es al par luz y firmeza, firmeza y luz como el cristal de roca! Semejante al nocturno peregrino, mi esperanza inmortal no mira el suelo; no viendo más que sombra en el camino, sólo contempla el esplendor del cielo. Vanas son las imágenes que entraña tu espíritu infantil, santuario oscuro. Tu numen, como el oro en la montaña, es virginal, y por lo mismo, impuro. A través de este vórtice que crispa, y ávido de brillar, vuelo o me arrastro, oruga enamorada de una chispa, o águila seducida por un astro. Inútil es que con tu tenaz murmullo exageres el lance en que me enredo: Yo soy altivo, y el que alienta orgullo lleva un broquel impenetrable al miedo. Fiado en el instinto que me empuja, desprecio los peligros que señalas. "El ave canta aunque la rama cruja como que sabe lo que son sus alas". Erguido bajo el golpe en la porfía, me siento superior a la victoria. Tengo fe en mi: la adversidad podría quitarme el triunfo, pero no la gloria. ¡Deja que me persigan los abyectos! ¡Quiero atraer la envidia, aunque me abrume! La flor en que se posan los insectos es rica de matiz y de perfume. El mal es el teatro en cuyo foro la virtud, esa trágica, descuella; es la sibila de palabra de oro; la sombra que hace resaltar las estrella. ¡Alumbrar es arder! ¡Estro encendido será el fuego voraz que me consuma! La perla brota del molusco herido y Venus nace de la amarga espuma. Los claros timbres de que estoy ufano han de salir de la calumnia ilesos. Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan... ¡Mi plumaje es de ésos! ¡Fuerza es que sufra mi pasión! -La palma crece en la orilla que el oleaje azota. El mérito es el náufrago del alma: ¡vivo, se hunde; pero muerto flota! ¡Depón el ceño y que tu voz me arrulle! ¡Consuela el corazón del que te ama! ¡Dios dijo al agua del torrente: bulle! ¡y al lirio de la margen: embalsama! ¡Confórmate, mujer! -Hemos venido a este valle da lágrimas que abate, tú, como la paloma, para el nido, y yo, como el león, para el combate. Salvador diaz miron |
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| DESEOS Yo quisiera salvar esa distancia ese abismo fatal que nos divide, y embriagarme de amor con la fragancia mística y pura que tu ser despide. Yo quisiera ser uno de los lazos con que decoras tus radiantes sienes; yo quisiera en el cielo de tus brazos ¡beber la gloria que en los labios tienes! Yo quisiera ser agua y que en mis olas, que en mis olas vinieras a bañarte, para poder, como lo sueño a solas, ¡a un mismo tiempo por doquier besarte! Yo quisiera ser lino y en tu lecho allá en la sombra, con ardor cubrirte, ¡temblar con los temblores de tu pecho y morir de placer al comprimirte! ¡Oh, ¡Yo quisiera mucho más! ¡Quisiera llevarte en mí como la nube al fuego, mas no como la nube en su carrera para estallar y separarse luego! Yo quisiera en mí mismo confundirte confundirte en mí mismo y entrañarte; yo quisiera en perfume convertirte, convertirte en perfume y aspirarte! ¡Aspirarte en un soplo como esencia, y unir a mis latidos tus latidos, y unir a mi existencia tu existencia y unir a mis sentidos tus sentidos! ¡Aspirarte en un soplo del ambiente, y así verte sobre mi vida en calma, toda la llama de tu pecho ardiente y todo el éter del azul de tu alma! Aspirarte, mujer... De ti llamarme, y en ciego, y sordo, y mudo constituirme, y en ciego, y sordo, y mudo consagrarme al deleite supremo de sentirte. ¡y a la dicha suprema de adorarte! Salvador diaz miron |
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| LA ORACION DEL PRESO ¡Señor, tenme piedad, aunque a ti clame sin fe! ¡Perdona que te niegue o riña y al ara tienda con bochorno infame! Vuelvo al antiguo altar. ¡No en vano ciña guirnaldas a un león y desparrame riego que pueda prosperar tu viña! ¡Líbrame por merced, como te plugo a Bautista y Apóstol de Judea, ya que no me suicido ni me fugo! ¡Inclínate al cautivo que flaquea, y salvo, como Juan por el verdugo, o como Pedro por el ángel, sea! ¡Habito un orco infecto, y en el manto resulto cebo a chinche y pulga y piojo; y afuera el odio me calumnia en tanto! ¿Qué mal obré para tamaño enojo? ¡El honor del poeta es nimbo santo y la sangre de un vil es fango rojo! Mi pobre padre cultivó el desierto. ¡Era un hombre de bien, un sabio artista, y de vergüenza y de pesar ha muerto! ¡Oh mis querubes! ¡Con turbada vista columbro ahora el celestial e incierto grupo que aguarda y a quien todo artista! ¡Y oigo un sordo piar de nido en rama un bullir de polluelos ante azores; y el soplado tizón encumbra llama! ¡Dios de Israel, acude a mis amores; y rían a manera de la grama, que hasta batida por los pies da flores! Salvador diaz miron |
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| LOS PARIAS Allá en el claro, cerca del monte, bajo una higuera como un dosel, hubo una choza donde habitaba una familia que ya no es. El padre, muerto; la madre, muerta; Los cuatro niños, muertos también; Él, de fatiga; ella, de angustia; Ellos de frío, de hambre y de sed! Ha mucho tiempo que fui al bohío y me parece que ha sido ayer. ¡Desventurados! Ahí sufrían ansia sin tregua, tortura cruel, y en vano alzando los turbios ojos te preguntaban, Señor, por qué?... y recurrían a tu alta gracia, dispensadora de todo bien! ¡ Oh Dios! Las gentes sencillas rinden culto a tu nombre y a tu poder: a ti demandan favor los pobres, a ti los tristes piden merced, más como el ruego resulta inútil, pienso que un día, pronto tal vez, no habrá miserias que se arrodillen, no habrá dolores que tengan fe!. Rota la brida, tenaz la fusta, libre el espacio, qué hará el corcel? la inopia vive sin un halago , sin un consuelo, sin un placer. ¡Sobre los fangos y los abrojos en que revuelca su desnudez, cría querubes para el presidio y serafines para el burdel!. El proletario levanta el muro, practica el túnel, mueve el taller; Cultiva el campo, calienta el horno, paga el tributo, carga el broquel; Y el la batalla sangrienta y grande, blandiendo el hierro por patria o rey. Enseña al prócer con noble orgullo cómo se cumple con el deber! Mas ¡ay! ¿qué logra con su heroísmo? ¿Cuál es el premio, cuál su laurel? El desdichado recoge ortigas y apura el cáliz hasta la hez. Leproso, mustio, deforme, airado, soporta apenas la pura ley. Y cuando pasa sin ver el cielo la tierra tiembla bajo sus pies. Salvador Diaz Mirón |
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| MUDANZA Ayer, el cielo azul, la mar en calma y el sol ignipotente y cremesino, y muchas ilusiones en mi alma y flores por doquier en mi camino. Mi vida toda júbilos y encantos, mi pecho rebosando de pureza, mi carmen pleno de perfume y cantos y muy lejos, muy lejos, la tristeza. Ayer, la inspiración rica y galana llenando mi cerebro de fulgores; y tú, sonriente y dulce en tu ventana, hablándome de dichas y de amores. Ayer, cuanto era luz y poesía: las albas puras y las tardes bellas henchidas de sutil melancolía, y las noches pletóricas de estrellas... Y hoy... la sombra y el ansia del desierto, perdida la esperanza, y la creencia, y el amor en tu espíritu ya muerto, y sembrada de espinas la existencia. Salvador diaz miron |
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| PAQUITO Cubierto de jiras, al ábrego hirsutas al par que las mechas crecidas y rubias, el pobre chiquillo se postra en la tumba, y en voz de sollozos revienta y murmura: "Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. "¡Que bien que me acuerdo! La tarde de lluvia; las velas grandotas Que olían a curas; y tú en aquel catre tan tiesa, tan muda, tan fría, tan seria, y así tan rechula! Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. "Buscando comida, revuelvo basura. Si pido limosna, la gente me insulta, me agarra la oreja, me dice granuja, y escapo con miedo de que haya denuncia. Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. "Los otros muchachos se ríen, se burlan, se meten conmigo, y a poco me acusan de pleito al gendarme que viene a la bulla; y todo, porque ando con tiras y sucias. Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. "Me acuesto en rincones solito y a obscuras. De noche, ya sabes, los ruidos me asustan. Los perros divisan espantos y aúllan. Las ratas me muerden, las piedras me punzan... Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. "Papá no me quiere. Está donde juzga y riñe a los hombres que tienen la culpa. Si voy a buscarlo, él bota la pluma, se pone muy bravo, me ofrece una tunda. Mamá, soy Paquito; no haré travesuras." Y un cielo impasible despliega su curva. Salvador diaz miron. |
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