| POEMAS JUAN DE DIOS PEZA | |||||||||||||||||||||||||||||||
| ANOCHE SOÑANDO QUE TU ME QUERIAS BEBE CARTA CESAR EN CASA EL CUENTO DE MARGOT EN CADA CORAZON ARDE UNA LLAMA ESTE ERA UN REY FUSILES Y MUÑECAS LA ULTIMA CITA MI MEJOR LAURO MI PADRE REIR LLORANDO |
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| ANOCHE SOÑANDO QUE TU ME QUERIAS Anoche soñando que tú me querias vi a un ángel del cielo tranquilo bajar, y luego juntaba tu mano a las mías y yo te miraba y tú me decías "con todo mi pecho te voy a adorar". ¡Qué vas a adorarme! mentira, mentira yo soy la desgracia, sin luz y sin fe... y entonces el ángel solloza, suspira... y al irse hasta el cielo, sonriendo te mira, y luego... llorando de amor desperté. Juan De Dios Peza |
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| BEBE Cuenta Bebé dos meses no cumplidos, pero burlando al tiempo y sus reveses, como todos los niños bien nacidos parece un señorón de 20 meses. Rubio, y con ojos como dos luceros lo vi con traje de color de grana en un escaparate de Plateros un domingo de Pascua en la mañana. Iban conmigo Concha y Margarita y al mirar las dos, ambas gritaron: "¡Mira padre, qué cara tan bonita!" y trémulas de gozo mi miraron. ¿Quién al ver que en sus hijas se subleva la ambición de adueñarse de un muñeco, no se siente vencido cuando lleva dos duros en la bolsa del chaleco? Ha vencido pensé: si está comprado, y como es natural tiene otros dueños mis hijas perderán el encantado palacio de sus mágicos ensueños. Pero movido el paternal cariño, entré a la tienda a realizar su antojo, y dije al vendedor: "Quiero ese niño de crenchas blondas y vestido rojo". Abrió entonces la alcoba de cristales tomó a Bebé, lo puso entre mis manos, y convirtió a mis hijas en rivales porque el amor divide a los hermanos. "Para mí" -Concha me gritó importuna, "para mí" -me gritaba Margarita, y yo les grité al fin: "para ninguna" con la seca aridez de un cenobita. Reinó un silencio entre las dos profundo, y yo recordé entonces conturbado este axioma tristísimo del mundo: "Ser rival es odiar y ser odiado". Y así pensé: no debo en corazones que de la vida llaman a la puerta, encender con el celo esas pasiones, que el odio atiza y el rencor despierta. La historia del amor con dos premisas, iguala a la mujer y no os asombre; ¡Un muñeco en la edad de las sonrisas, y en la edad de las lágrimas, un hombre! Juan de dios peza |
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| C A R T A Con letras ya borradas por los años, en un papel que el tiempo ha carcomido, símbolo de pasados desengaños, guardo una carta que selló el olvido. La escribió una mujer joven y bella. ¿Descubriré su nombre? ¡ No, no quiero! pues siempre he sido, por mi buena estrella, para todas las damas caballero. ¿Qué ser alguna vez no esperó en vano algo que, si se frustra, mortifica? Misterios que al papel lleva la mano, El tiempo los descubre y los publica, Aquellos que juzgáronme felices en amores; que halagan mi amor propio, aprendan de memoria lo que dice la triste historia que a la letra copio: “Dicen que las mujeres sólo lloran cuando quieren fingir hondos pesares, los que tan falsa máxima atesoran, muy torpes deben ser o muy vulgares. Si cayera mi llanto hasta las hojas donde temblando está la mano mía, para poder decirte mis congojas, con lágrimas mi carta escribiría. Mas si el llanto es tan claro que no pinta, y hay que usar de otra tinta más obscura, la negra escogeré, porque es la tinta donde más se refleja mi amargura. Aunque no soy para soñar esquiva sé que para soñar nací despierta. Me he sentido morir, y aún estoy viva; Tengo ansias de vivir, y ya estoy muerta. Me acosan del dolor fieros vestigios. ¡Que amargas son las lágrimas primeras! Pesan sobre mi vida veinte siglos, Y apenas cumplo veinte primaveras. En esta horrible lucha en la que batallo, Aun cuando de tu consuelo imploro, Quiero decir que lloro y me lo callo, Y más risueña estoy cuando más lloro. ¿Por qué te conocí? Cuando temblando de pasión, sólo entonces no mentida, me llegaste a decir: ¡ te estoy amando con un amor que es vida de mi vida! ¿Qué te respondí yo? Bajé la frente; triste y convulsa, te estreché la mano, porque un amor que nace tan vehemente, es natural que muera muy temprano. Tus versos para mí conmovedores Los juzgué flores puras divinas, olvidando, insensata, que las flores todo lo pierden, menos las espinas. Yo que, como mujer, soy vanidosa, Me vi feliz creyéndome adorada, sin ver que la ilusión es una rosa que vive solamente una alborada. Cuántos de los crepúsculos que admiras, pasamos entre dulces vaguedades, las verdades juzgándolas mentiras, las mentiras creyéndolas verdades. Me hablabas de tu amor, y absorta y loca, Me imaginaba estar dentro de un cielo, y al contemplar tus ojos y tu boca tu misma sombra me causaba celo, Al verme embelesada al escucharte, clamaste,-aprovechando mi embeleso-, “Déjame arrodillar para adorarte”, y al verte de rodillas te di un beso. Te besé con arrojo, no se asombre un alma escrupulosa o timorata; la insensatez no es culpa. Besé a un hombre, porque toda pasión es insensata. Debo confesar que un beso ardiente, aunque robé la dicha y el sosiego. es el placer más grande que se siente cuando se tiene un corazón de fuego. Cuando toque tus labios fue preciso soñar que aquel placer se hiciera eterno. Mujeres: es el beso un paraíso por donde entramos muchas al infierno. Después de aquella vez, en otras muchas, apasionado tú, yo enternecida, quedaste vencedor en esas luchas tan dulces en la aurora de la vida. ¡ Cuántas promesas, Cuántos devaneos! El grande amor con el desdén se paga; toda llama que avivan los deseos, pronto encuentra la nieve que la apaga. Te quisiera culpar y no me atrevo; es, después de gozar, justo el hastío; yo, que soy un cadáver que me muevo, del amor de mi madre desconfío. Me engañaste, y no te hago ni un reproche, era tu voluntad y fue mi anhelo; reza, dice mi madre, en cada noche; y tengo miedo de invocar al cielo. Pronto voy a morir; esa es mi suerte. ¿Quién se opone a las leyes del destino? aunque es camino obscuro el de la muerte, ¿Quién no llega a cruzar, ese camino? en él te encontraré; todo derrumba el tiempo, y tú caerás bajo su peso: tengo que devolverte en ultratumba todo el mal que me diste con tu beso. ¿Mañana he de vivir en tu memoria? en aquella región quizá sombría mostrar a Dios podremos nuestra historia. Adiós......Adiós......hasta el terrible día. Leí estas líneas y en eterna ausencia esa cita fatal vivo esperando........ y sintiendo la noche en mi conciencia. guardé la carta y me quedé llorando. juan de dios peza |
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| CESAR EN CASA Juan, aquel militar de tres abriles, que con gorra y fusil sueña en ser hombre, y que ha sido en sus guerras infantiles un glorioso heredero de mi nombre; ayer, por tregua al belicoso juego, dejando en un rincón la espada quieta, tomó por voluntad, no a sangre y fuego, mi mesa de escribir y mi gaveta. Allí guardo un laurel, y viene al caso repetir lo que saben mis testigos: esa corona de oropel y raso la debo, no a la gloria, a mis amigos. Con sus manos pequeñas y traviesas, desató el niño, de la verde guía, el lazo tricolor en que hay impresas frases que él no descifra todavía. Con la atención de un ser que se emociona miró las hojas con extraño gesto, y poniendo en mis manos la corona, me preguntó con intención: -"¿Qué es esto?" -"Esto es -repuse- el lauro que promete la gloria al genio que en su luz inunda... -"¿Y por qué lo tienes?" -Por juguete, le respondió mi convicción profunda. Viendo la forma oval, pronto el objeto descubre el niño, de la noble gala; se la ciñe, faltándome al respeto y hecho un héroe se aleja por la sala. ¡Qué hermosa dualidad! Gloria y cariño con su inocente acción enlazó ufano, pues con el lauro semejaba el niño un diminuto emperador romano. hasta creí que de su faz severa irradiaban celestes resplandores, y que anhelaba en su imperial litera ir al Circo a buscar los gladiadores. Con su nuevo disfraz quedé asombrado (no extrañéis en un padre estos asombros), y corrí por un trapo colorado que puse y extendí sobre sus hombros. Mirélo así con cándido embeleso, me transformé en su esclavo humilde y rudo, y -"¡Ave César!- le dije, dame un beso, ¡yo que muero de penas, te saludo!" -"¿César?"- me preguntó lleno de susto y yo sintiendo que su amor me abrasa, -"¡César!" -le respondí- "César Augusto de mi honor, de mi honra y de mi casa" Quitéle el manto, le volví la espada, recogí mi corona de poeta, y la guardé, deshecha y empolvada, en el fondo sin luz de mi gaveta. Juan de dios peza |
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| EL CUENTO DE MARGOT. Vamos, Margot, repíteme esa historia que estabas refiriéndole a María, ya vi que te la sabes de memoria y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado de grandes ojos de viveza llenos, rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, de muda soledad, sin luz alguna, y ese niño muriendo, en agonía, encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos queriendo darle maternal abrigo y envuelto en un pañal hecho pedazos lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito que ya estaban sus párpados muy rojos... y a cada nueva queja, a cada grito el alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura que estudio en mis mayores regocijos, que ni los tigres en la selva oscura dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, le curo como madre toda pena; parece que este niño en este mundo no es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco duerme para que en lágrimas no estalle; y llorando Margot, mostró el muñeco que en cierta noche se encontró en la calle. Juan de dios peza |
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| EN CADA CORAZON ARDE UNA LLAMA En cada corazón arde una llama, si aún vive la ilusión y amor impera, pero en mi corazón desde que te ama sin que viva ilusión, arde una hoguera. Oye esta confesión; te amo con miedo, con el miedo del alma a tu hermosura, y te traigo a mis sueños y no puedo llevarte más allá de mi amargura. ¿Sabes lo que es vivir como yo vivo? ¿Sabes lo que es llorar sin fe ni calma? ¿Mientras se muere el corazón cautivo y en la cruz del dolor expira el alma? Eres al corazón lo que a las ruinas son los rayos del sol esplendoroso, donde el reptil se arropa en las esquinas y se avergüenza el sol del ser hermoso. Nunca podrás amarme aunque yo quiera, porque lo exige así mi suerte impía, y si esa misma suerte nos uniera tú fueras desgraciada por ser mía. Deja que te contemple y que te adore, y que escuche tu voz y que te admire, aunque al decirte adiós, con risas llore, y al volvernos a ver llore y suspire. Yo no quiero enlazar a mi destino tu dulce juventud de horas tranquilas, ni he de dar otro sol a mi camino que los soles que guardan tus pupilas. Enternézcame siempre tu belleza aunque no me des nunca tus amores, y no adornes con flores tu cabeza pues me encelan los besos de las flores. Siempre rubios, finísimos y bellos, madejas de oro, en céltica guirnalda, caigan flotando libres tus cabellos, como un manto de reina por tu espalda. Es cielo azul el que mi amor desea, la flor que más me encanta es siempre hermosa, que en tu talle gentil yo siempre vea tu veste tropical de azul y rosa. Mírame con tus ojos adormidos, sonriéndote graciosa y dulcemente, y avergüenza y maldice a mis sentidos mostrándome el rubor sobre tu frente. ¿Yo nunca seré tuyo? ¡ay! ese día, oscureciera al sol duelo profundo; mas para ser feliz sobre este mundo bástame amarte sin llamarte mía. Juan de dios peza |
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