POEMAS JOSE JOAQUIN
GOVANTES
AMOR PERDIDO
AMOR PERDIDO

Casta beldad, preciosa maravilla
De la tierra ornamento,
Ante mis ojos deslumbrados brilla,
Tu frente blanca y bella,
Como luce en el alto firmamento
En noche oscura solitaria estrella.

¿Quién eres tú que al contemplarte el alma
Volar quiere hacia ti? ¿Por qué tus ojos
Y el celeste candor de tus miradas
Me conmueven de amor? Tus labios rojos,
Tus pálidas mejillas nacaradas
Me arroban de placer... y me embebece
Tu boca linda y pura,
Más llena de atractivo y de frescura
Que en mañana de abril purpúrea rosa!

Mas ¡ay! ya sé quién eres, virgen pura,
Diez años hace que por vez primera
El destino te puso ante mis ojos;
Yo contemplé tu imagen hechicera,
Y en el ardor de mis primeros días
Ante tus plantas me postré de hinojos
Y fueron tuyas las canciones mías.

Todo mi anhelo lo cifré en quererte,
Bebí la inspiración en tu semblante
Y ¡cuánto era feliz...! mas ¡ay! mi suerte
Me separó de tu amoroso lado,
Y desde entonces triste, agonizante,
Tú no sabes, mi bien, cuánto he llorado.

El destino más cruel sobre mi pecho
Sus iras desató. Terribles horas
Sucedieron a aquellas que en estrecho
Vínculo de un amor puro y divino,
Vestidas de esplendor, halagadoras,
Marcaron nuestro plácido camino.

Yo te pintara mi fatal historia
Mas a ¡qué recordar tantos dolores!
Hoy te vuelvo a mirar y el alma mía
Que no olvidó un instante tus primores,
Con el divino fuego que otro día,
Te consagra de nuevo su ternura,
Y olvidando su pena y su pasado
Viene a buscar a tu apacible lado,
Su amor perdido, su ilusión más pura.

¡Oh! no te niegues, por piedad, bien mío,
A acoger la pasión que me devora,
¡Si tú me amaras como yo te amo,
Si reclinada en mis afables brazos
El ardoroso fuego en que me inflamo
Llegaras a sentir un solo instante!
¡Si a mi pecho enlazado el tuyo un día,
Delia querida, oyera palpitante!
¡Oh! ¡cuán feliz en mi ilusión sería,
Dueño de tu cariño y tu ternura
Envidiado del mundo viviría!
Mas ¡ay! ¡vano anhelar! un cruel destino
A otro ser más feliz en este mundo
Te ligó para siempre, ángel divino;
En vano Delia, tu belleza miro
Si no puedes guardar en lo profundo
De tu pecho el amor con que deliro.

¡Oh! cuán distintas de mi vida veo
Las horas deslizar. Ayer piadosa
Tú calmabas mi afán y mi deseo
Con la miel de tu plácida sonrisa,
Tú me adorabas tierna y cariñosa,
Y era tu amor mi única divisa.

Ya sin él, ¿cuál será la suerte mía?
Por este mundo triste y delirante
Faltándome la luz de tu mirada
Vagaré sin hallar paz un instante:
Pues tu amor para mí, Delia adorada,
Era la única estrella bendecida
Que aliviando mis tétricos dolores
Derramaba sus vívidos fulgores
En el desierto cielo de mi vida.

¡Cuánto mi pobre corazón se agita!
¿Tú recuerdas, mi bien, la noche aquella
En que llena de fe, pura, y bendita
En prueba de tu amor me concediste
Oscuro rizo de tu trenza bella
Y guardarlo por siempre me exigiste?

Pues bien, ángel de amor, esa memoria
Unida vive a mi penar sombrío,
En mis horas de paz y de consuelo,
En mis noches de angustias y de hastío
Siempre ha calmado mi ferviente anhelo.
Yo la estrecho a mi seno adolorido,
Sobre ella vierto mi ardoroso llanto,
Y mi alma triste la venera tanto
Cual te venera a ti, dueño querido.

Adiós, adiós, el mundo en tu carrera
Nunca arroje los negros sinsabores,
Vive siempre cual hoy, bella, hechicera
Y al abrigo feliz de tu ternura,
La delicada flor de los amores
Bañe con su fragancia tu alma pura.

Mientras que yo sin esperanza alguna
Bajo el rigor de pena tan impía
La frente doblaré, sin que un momento
Goce de paz y dicha el alma mía.
Mas aunque el mundo mi amoroso acento
Hoy me mande guardar, en mi memoria
Tu imagen, Delia, llevaré grabada,
Y ella para mi vida infortunada
Será su sola luz, será su gloria.

José Joaquín Govantes
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