| POEMAS ANTONIO PLAZA | ||||||||||||||||||||||||
| DESENCANTO LA VOZ DEL INVALIDO |
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| LA VOZ DEL INVÁLIDO 1 Bajo la sombra de sauz añoso frente a un albergue rústico y apartado, se hallan, un joven de naciente hozo, y un viejo descreido, mutilado. Los surcos de la frente marchitada las escépticas frases qué congelan, la irónica sonrisa y la mirada del viejo su pasado nos revelan. El apuesto garzón, el casi niño, con marcada humildad escucha atento al anciano, que lleno de cariño le dice así con paternal acento: II Conque, Andrés, ¿vas a partir? ¿Se torna el rapaz en hombre? ¡Bien!... Escucha y no te asombre, Andrés, lo que vas a oir. En el revuelto océano en que fui náufrago un día, quiero que lleves por guia la débil voz del anciano. No cual clérigo profundo evangelizarte anhelo: la virtud es flor del cielo que se marchita en el mundo. No de ilusiones que halagan te hablaré, ni de moral; quiero; Andrés, que no hagas mal ni dejes que te lo hagan. Franklin dijo en parte alguna, hablando del mundo, que: "Lo que salva no es la fe sino el no tener ninguna." No creas consejos ni apólogos, busca siempre la verdad: la fe, chico, es necedád que llaman virtud los teólogos. Yo no te aconsejo el vicio, el que mal hace, mal halla; quiero que vistas con malla tu corazón tan novicio. Y ya que tus tiernos años están flacos de experiencia, escucha, Andrés, con paciencia la voz de los desengaños. También locas ilusiones mi juventud conmovieron, y las que ilusiones fueron son yá negras decepciones. Por eso en estulta calma niego todo con cinismo, porque el torpe escepticismo viento es que congela el alma. Tú vas a la corte. Alli activo en tu bien rebúllete. Consérvate, aséate, instrúyete, y vive, Andrés, para ti. Obra mucho y cierra el labio, que llega a su fin más pronto, con su actividad el tonto que con su pereza el sabio. Es la corte cosa brava, todos mal de todos piensan. los enemigos comienzan donde la nariz. acaba. Tú allí con muy buenos modos sé expansivo, sé jovial: de todos piensa muy mal; pero habla muy bien de todos. Que mascarada es completa la corte que veo con asco, y sufre allí más de un chasco quien no toma su careta. Alli es el afeite aseo, sinceridad el cinismo; la locura excentricismo; lá adulación galanteo; Se le llama bueno al bobo, se llama al miedo prudencia, porque es dificil papel se llama la charla ciencia, se llama fianza al robo. Allí en duda has de poner la castidad del beato, la mansedumbre del gato, la virtud de la mujer. Allí todo es falsedad. "Vanidad de vanidades." allí abundan nulidades rellenas de vanidad. Todos quieren que sú nombre a los hombres envanezca, y no hay hombre que merezca llamarse siquiera hombre. Que de aquella sociedad, llena de lodo y materia, es muy grande su miseria y mayor su vanidád. El hombre, tenlo presente, en ese mundo hostigoso, hace un viaje muy penoso y no medra si no miente. Ese tránsito empalaga: que no moléstan en el viaje, los ricos con su carruaje, los mendigos con su plaga. Y magüer razón te sobre, en la sociedad, buen chico, evita el odio del rico y la intimidad del pobre. Mas si das a la indigencia, nunca la humilles cruel; no hagas de amarga hiel el papel de Providencia. Saber dar es gran virtud, y dar sin tacto, locura: lo que se da sin finura, se acepta sin gratitud. Hay favores tan sin gracia, que dejan huella sensible en el alma, y más horrible hacen ellos la desgracia. Muchos hay que dan lo suyo por cálculo o vanidad, pero, hijo, esa caridad, es la virtud del orgullo. Nunca des con mirada doble; porque el hombre desgraciado es un objeto sagrado para quien tiene alma noble. La desgracia lenifica sin esperar gratitud; porque, Andrés, la ingratitud a la caridad deifica. Tus apuros, si los tienes, cuenta al que cuente reales; es decir, cuenta tus males sólo al que los torne en bienes. Nunca vistas con descuido; porque en la corte deshonra más que una mancha en la honra una mancha en el vestido. Tu lujo siempre modera, no al lujo te entregues, no, mira que el lujo empezó por unas hojas de higuera. Cuida y no te faltará: da poco y no se te olvide que quien da a todo el que pide pide al fin a quien no da. Ten siempre el bolsillo a tasa, para que siempre algo sobre; porque, Andrés, el hombre pobre, de pobre hombre nunca pasa. Del placer haz poco uso, si ilusión quieres tener, que abusando del placer, nó hay placer en el abuso. Por si acaso en sueño cálido buscas de Marte la gloria, voy e contarte la historia a que debo estar inválido. Allá en mis años mejores se encendió lid fratricida, porque a mi patria querida plugo cambiar de opresores. Del patriotismo la llama ardió en mi pecho de tierra. Marché, Andrés, en cruda guerra, reñi, como perro en brama. El éxito no fue malo: vencimos a los traidores, y volvi pisando flores con una pierna de palo. Cubierto de gloria, chico, dejómé el gobierno cruel; ¿había de comer laurel como si fuera borrico? Otros con férvido arrojo la victoria celebraron. Oro y destino pescaron, y Yo quedé pobre y cojo. Así es la guerra maldita: a muchos les da oropeles, y carruajes y corceles, y a otros las piernas les quita. Vengué yo ajenos agravios y al fin ¿qué saqué?... ¡Desprecios! La guerra la hacen los necios en provecho de los sabios. No seas de los que combaten, pero odia a los que se rindan; pues sacan más los que brindan, que los tontos que se baten. A la guerra, Andrés, no vayas, y sin luchar venceras; porque un brindis vale más que el humo de cien batallas. Está la patria hecha trizas con tanta gente malévola, y del brazo de Scévola no quedan ya ni cenizas Es un loco temerario el que anda entre los cañones: es mejor en los salones esgrimir el incensario. Si por figurar te apuras, lisonjea a los beneméritos, y fía más que de los méritos de tus buenas coyunturas. No te oirán si no te encorvas: ya que ellos tienen, Andrés, las orejas en los pies, ten el talento én las corvas. Para que a ciegas no andes, te aconsejo, por mi nombre, dejes tu grandeza de hombre, cón todos los hombres grandes. La dignidad no conviene, ni la honradez, hijo de Eva; quien no adula no se eleva; el que no es vivo no tiene. Si no estás en gran bonanza, no busques, hijo, mujer, el pobre ha de mantener solamente la esperanza. El amor es gran locura, y el bendito matrimonio, lazo que tiende el demonio y convierte en soga el cura. El consorcio, en conclusión, para un pobre es grave mal; y su tálámo nupcial túmulo es de su ilusón. Nunca el marido descansa y sus sacrificios crecen: pero ellos no se agradecen,. porque con ellos no alcanza. Tú pondrás del ara encima tu independencia sin juicio, y ese inmenso sacrificio ninguna mujer lo estima. Es feliz quien por fortuna mujer buena tiene, Andrés: pero más dichoso es el que no tiene ninguna. Amor es mentida flama, la gratitud no parece: sólo, Andrés, una madre ama y sólo un perro agradece. Mas si tú afectos deseas, te lo digo con dolor, cree hasta en el mismo amor, pero en la amistad no creas. Con experiencia lo digo, Andrés, consérvalo impreso: un libro, un perro y un peso forman un completo amigó. los que el mundo desconocen dicen, sobrino, que es famá, que en la cárcel y en la cama los amigos se conocen. En cualquier situación seria tendrás número importuno de amigos, mas no habrá uno cuando estés en la misená. La amistad es falso cobre, la amisiad, óyelo, chico, forma la ilusión del rico y el desengaño del pobre. La amisiad, en conclusión, la amistad, tenlo presente, es, sobrino, un accidente del oro o la posición. 'Quien fuere en la vida cero no tendrá un amigo, Andres; si el dinero amigo es, sé amigo tú del dinero. Mejor que un peso, ten dos, no hagas mal por egoísmo, y dúda hasta de ti ....... vete, y... ¡Bendigate Dios! III Un instante después, por el camino triste a un jinete galopar se veía, y un viejo de mostacho blanquecino con la vista al jinete perseguía. Cuando ni el polvo que el corcel alzara pudo el viejo mirar, sintió que ardiente gota de llanto resbaló en su cara, y suspirando doblegó la frente. "Y ¿qué será de ti? -exclamó el anciano Tu incierto porvenir ¿porqué me altera?. corre a luchar con ese mundo insano; vete a sufrir la suerte que te espera. La lúcha con el mundo no te asombre, hombre no es el que luchar no sabe; porque nació para luchar el hombre como nació para volar el ave. Jamás el hombre del destino oscuro el negro velo levantar éspere; envuelto entre la sombra está el futuro. el hombre es lo que la suerte quiere." antonio plaza |
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| DESENCANTO Nuestra senda regada está de llanto, el placer del placer es el suicidio, detrás de la ilusión está el fastidio y detrás del fastidio el desencanto. Lleno yo de fastidio y de quebranto, sin fuerza ya contra la suerte lidio, y muerto para el mundo, sólo envidio a los muertos que guarda el camposanto. El infierno sus furias desenfrena, viento de maldición en torno zumba, que a penar el destino me condena, y he de pensar hasta que al fin sucumba; con el peso brutal de la cadena, que arrastra el hombre hasta la negra tumba.. antonio plaza |
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