| POEMAS ANTONIO PLAZA | |||||||||||||||||||||||||||||||||
| EL BORRACHO FLOR DE UN DIA HORAS NEGRAS NO TE OLVIDO A LA FORTUNA |
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| EL BORRACHO Generoso en la copa, ruin en todo; ronca la voz, inyecta la mirada, párpados gruesos, faz abotagada y siempre crudo cuando no beodo. Perdida la razón, goza a su modo, y nunca estar en su razón le agrada; que el vino es todo, la razón es nada, y sólo vive al empinar el codo. Cuando al inflamarle empieza el aguardiente, lenguaraz, atrevido y vivaracho, es intrépido, franco y excelente amigo; pero juzgo sin empacho que no es franco, ni amigo, ni valiente; porque el borracho, en fin, sólo es... borracho. Antonio plaza |
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| FLOR DE UN DIA Yo di un eterno adiós a los placeres cuando la pena doblegó mi frente, y me soñé, mujer, indiferente al estúpido amor de las mujeres. En mi orgullo insensato yo creía que estaba el mundo para mí desierto, y que en lugar de corazón tenía una insensible lápida de muerto. Mas despertaste tú mis ilusiones con embusteras frases de cariño, y dejaron su tumba las pasiones y te entregué mi corazón de niño. No extraño que quisieras provocarme, ni extraño que lograras encenderme; porque fuiste capaz de sospecharme, pero no eres capaz de comprenderme. ¿Me encendiste en amor con tus encantos, porque nací con alma de coplero, y buscaste el incienso de mis cantos?... ¿Me crees, por ventura, pebetero? No esperes ya que tu piedad implore, volviendo con mi amor a importunarte; aunque rendido el corazón te adore, el orgullo me ordena abandonarte. Yo seguiré con mi penar impío, mientras que gozas envidiable calma; tú me dejas la duda y el vacío, y yo en cambio, mujer, te dejo el alma. Porque eterno será mi amor profundo, que en ti pienso constante y desgraciado, como piensa en la gloria el condenado, como piensa en la vida el moribundo. Antonio plaza |
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| HORAS NEGRAS Coplero a quien inspira el desencanto, trovador sin futuro y sin amores, sobre la tumba de mis sueños canto al colocar mi búcaro de flores. Odia el mundo mi canto descreído, el estigma social tiznó mi frente... cárabo del dolor, cada gemido me concita el sarcasmo de la gente. Sin luz el alma la ilusión desdeña, el pesar no la irrita ni la abate, y ni la frente envejecida sueña, y ni el leproso corazón me late. Repugna a todos mi fatal delirio repelen todos mi sufrir eterno, que brilla en mi aureola de martirio la fatídica flama del infierno. Devorado por negra pesadumbre lanzo en vez de sollozos carcajadas; porque de infame crápula en la lumbre arrojé mis creencias adoradas. En aras de la fe vertí mi llanto; perdida ya la fe, busqué la orgía; pero el vicio acreció mi desencanto, y el vicio, la virtud, todo me hastía. A mi gastado corazón de lodo nada, en fin, es capaz de conmoverlo, y perezoso, indiferente a todo no puedo ser feliz, ni quiero serlo. Mi vida ha sido decepción horrible, el mundo sin piedad ha envenenado mi corazón que, un tiempo tan sensible, no sufre al encontrar un desgraciado. Y si me duelo del dolor ajeno mi risa burla ese dolor profundo, que si a mi corazón queda algo bueno me da vergüenza que lo sepa el mundo. Cuando la pena torturó mi vida, la cruda pena la insulté yo mismo, porque soberbio disfracé la herida con el torpe descaro del cinismo. En el albor de juventud sensible amaba todo, porque fui creyente yo deliré buscando lo imposible y de mentiras se pobló mi frente. Yo combatí con ánimo esforzado contra la saña de mi suerte adversa; pero en la lucha atleta fatigado, sentí agotarse mi gigante fuerza. Me presentó pensiles engañosos en su espejo ese mundo fementido, cual presenta cambiantes primorosos débil burbuja en su cristal fingido. Yo también la ilusión vestí de gala del placer en los carmenes risueños, yo también de Jacob fijé la escala para subir al mundo de los sueños. Soñé con la virtud cándidos lirios y quise, necio, de ilusión beodo, subir a la región de los delirios; pero al querer subir, caí en el lodo. Yo rebusqué sediento de placeres, de amistad y de amor las emociones, y turbas mil de amigos y mujeres vinieron a matar mis afecciones. Al ver mis sentimientos chasqueados burlé yo mismo mi amoroso empeño, y ya no alcé castillos encantados sobre la base efímera del sueño. De mi pobre ilusión asesinada los restos profanó mi ánima impía; porque el cadáver de mi fe burlada alumbré con las luces de la orgía. Y di culto a ese mundo estrafalario, y en mi gastada juventud inquieta, vestido de arlequín subí al calvario y empapé con mi llanto la careta. En irritantes goces crapulosos escarneciendo mi penar ingente, hice cabriolas y tragué sollozos, y lleno de ira divertí a la gente. Mas penitente ya, sufro callando y consumido de letal tristeza, por la vía dolorosa voy cargando la ridícula cruz de mi pobreza. Histrión a quien el mundo no perdona, héroe de carnaval, mártir maldito, un birrete de loco es mi corona y por túnica llevo un sambenito. Y nutrido de negras decepciones, avergonzado en mi vejez, reniego del enjambre de locas ilusiones que acarició mi juventud de fuego. Ilusiones brillantes halagaban a mi edad juvenil que yo maldigo, y sediento de gloria me agitaban sueños de rey en lecho de mendigo. Soñé en la gloria con delirio tanto, fue tal la audacia de la mente loca, que la gloria de Dios, único y santo, a mi osada ambición pareció poca. Más Dios abate mi soberbia rara, y encuentro justa la expiación severa; que si la gloria que soñé alcanzara Satanás vencedor acaso fuera. Fue mi sueño una ráfaga ilusoria; no existe ese laurel que busqué loco, que para darme mi imposible gloria el orbe es nada, lo infinito poco Para pedir la gloria que yo anhelo es débil, impotente la palabra; que desván estorboso encuentro el cielo do el pensamiento audaz se descalabra. Ya no me importa mi dolor presente, ya no me importa mi dolor pasado, el porvenir lo espero indiferente... lo mismo es ser feliz que desgraciado. Sólo ambiciono de fastidio yerto, cansado ya de perdurable guerra, el acostarme en mi cajón de muerto dormir en paz debajo de la tierra. Antonio plaza |
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| NO TE OLVIDO ¿Y temes que otro amor mi amor destruya? qué mal conoces lo que pasa en mí; no tengo más que un alma, que es ya tuya, y un solo corazón, que ya te di. ¿Y temes que placeres borrascosos arranquen ¡ay! del corazón la fe? Para mí los placeres son odiosos; en ti pensar es todo mi placer. Aquí abundan mujeres deslumbrantes, reinas que esclavas de la moda son, y ataviadas de sedas y brillantes, sus ojos queman, como quema el sol. De esas bellas fascinan los hechizos, néctar manan sus labios de carmín; mas con su arte y su lujo y sus postizos, ninguna puede compararse a ti. A pesar de su grande poderío, carecen de tus gracias y virtud, y todas ellas juntas, ángel mío, valer no pueden lo que vales tú. Es tan ingente tu sin par pureza, y tan ingente tu hermosura es, que alzar puede su templo la belleza con el polvo que oprimes con tus pies. Con razón me consume negro hastío desde que te hallas tú lejos de aquí, y con razón el pensamiento mío sólo tiene memoria para ti. Yo pienso en ti con ardoroso empeño, y siempre miro tu divina faz, y pronuncio tu nombre cuando sueño. Y pronuncio tu nombre al despertar. Si del vaivén del mundo me retiro, y ávido de estudiar quiero leer, entre las letras ¡ay! tu imagen miro, tu linda imagen de mi vida ser. Late por ti mi corazón de fuego, te necesito como el alma a Dios; eres la virgen que idolatro ciego; eres la gloria con que sueño yo. Antonio plaza |
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| A LA FORTUNA 1 Fortuna, pérfida y loca, tu capricho al orbe manda; con el audaz eres blanda con el tímido eres roca. Ciega que a gozar provoca y hace al hombre padecer; vana eres como el placer, y aunque alientas alma infame, no hay hombre que no te ame, porque al fin eres mujer. 11 Veleta de oro que gira según el viento se muda; Astarté ante quién desnuda la prostitución se mira; aunque en tu favor mentira, por llegar a poseer, todos echan a correr tras de ti, de ansias beodos; pero tu burlas a todos porqué al fin eres mujer. III Maga de rostro severo con el asta de Amaltea, linda vuelves a la fea y general a un arriero; ennoblece al fullero al bruto el das saber; a un bicho le haces valer; pero al conceder tu amor siempre eliges lo peor, porque al fin eres mujer. IV Prostituta, la virtud es tu esclava a quien humillas; ante el crimen te arrodillas y dispensas plenitud de bienes a multitud de pícaros, de magúer ahorcados debieron ser; no extraño que des, tus dones a estupidos y bribones porque al fin eres mujer. V Reyna de las joyas falsas, al que hoy elevas al cielo lo arrojas mañana al suelo y al abatido lo ensalzas. Al hombre mísero alzas para dejarlo caer; porque con solo querer haces todo en el instante... eres tu muy inconstante, porque al fin eres mujer. VI Viejas del mechón inmundo, soberana sin conciencia, ante cuya omnipotencia de hinojos se postra el mundo. A todo hombre nauseabundo que arrastra su innoble ser ante el oro y el poder, tu le proteges, injusta, que la adulación te gusta Porque al fin eres mujer. VII Quién vivir sabe, te acecha; desvelas al codicioso, no te busca el perezóso, el pródigo te desecha; el imbécil se despecha; porque a nadie tu poder contento puede tener. y te maldicen no pocos, que a todos los vuelves locos, porque al fin eres mujer. VIII Quien no tiene confianza en ti, siempre te aborrece, y quien menos te merece, Fortuna, siempre te alcanza. Nadie pierde la esperanza de llegarte a poseer, sólo yo,. mísero ser, quizá filósofo y necio, Fortuna, no hago aprecio, porque al fin eres mujer. IX Tu, lo mismo que mi suegra, que aborreces, vil Fortuna, y aunque yo desde la cuna he visto tu cara negra, no me aflige ni me alegra tu villano proceder; y sin pena, sin place te doy la espalda, ¿que quieres? me fastidian las mujeres, y tu al fin eres mujer. Antonio Plaza |
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