| POEMAS ALFONSINA STORNI | ||||||||||||||||||||||||||||||||||
| ADIOS CAPRICHO CARTA LIRICA A OTRA MUJER DOLOR EL RUEGO LA CARICIA PERDIDA LA MIRADA LA QUE COMPRENDE QUEJA VEINTE SIGLOS |
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| ¡ADIOS! Las cosas que mueren jamás resucitan, las cosas que mueren no tornan jamás, se quiebran los vasos y el vidrio que queda ¡es polvo por siempre y por siempre será! Cuando los capullos caen de la rama dos veces seguidas no florecerán... Las flores tronchadas por el viento impío ¡se agotan por siempre, por siempre jamás! Los días que fueron, los días perdidos, los días inertes ya no volverán. ¡Qué tristes las horas que se desgranaron bajo el aletazo de la soledad! ¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas, las sombras creadas por nuestra maldad! ¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas, las cosas celestes que así se nos van! ¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!... -de llagas infectas- ¡cúbrete de mal! ¡Que todo el que llegue se muera al tocarte, corazón maldito que inquietas mi afán! ¡Adiós para siempre mis dulzuras todas! ¡Adiós mi alegría llena de bondad! ¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas, las cosas celestes que no vuelven más!... alfonsina storni |
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| CAPRICHO Escrútame los ojos sorpréndeme la boca, sujeta entre tus manos esta cabeza loca; dame a beber veneno, el malvado veneno que moja los labios a pesar de ser bueno. Pero no me preguntes, no me preguntes nada de porqué lloré tanto en la noche pasada; las mujeres lloramos sin saber, porque sí. Es esto de los llantos pasaje baladí. Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto, un mar un poco torpe, ligeramente estulto, que se asoma a los ojos con bastante frecuencia y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia. No preguntes amado, lo debes sospechar: en la noche pasada no estaba quieto el mar. Nada más. Tempestades que las trae y las lleva un viento que nos marca cada vez costa nueva. Si, vanas mariposas sobre jardín de Enero, nuestro interior es todo sin equilibrio y huero. Luz de cristalería, fruto de carnaval decorado en escamas de serpientes del mal. Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta: deseamos y gustamos la miel en cada copa y en el cerebro habemos un poquito de estopa. Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer, capricho, amado mío, capricho debe ser. Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa? Espínate las manos y córtame una rosa. Alfonsina storni |
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| DOLOR Quisiera esta tarde divina de octubre pasear por la orilla lejana del mar; que la arena de oro, y las aguas verdes, y los cielos puros me vieran pasar. Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera, como una romana, para concordar con las grandes olas, y las rocas muertas y las anchas playas que ciñen el mar. Con el paso lento, y los ojos fríos y la boca muda, dejarme llevar; ver cómo se rompen las olas azules contra los granitos y no parpadear; ver cómo las aves rapaces se comen los peces pequeños y no despertar; pensar que pudieran las frágiles barcas hundirse en las aguas y no suspirar; ver que se adelanta, la garganta al aire, el hombre más bello, no desear amar... Perder la mirada, distraídamente, perderla y que nunca la vuelva a encontrar; Y, figura erguida, entre cielo y playa, sentirme el olvido perenne del mar. Alfonsina storni |
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| EL RUEGO Señor, Señor, hace ya tiempo, un día soñé un amor como jamás pudiera soñarlo nadie, algún amor que fuera la vida toda, toda la poesía. Y pasaba el invierno y no venía, y pasaba también la primavera, y el verano de nuevo persistía, y el otoño me hallaba con mi espera. Señor, Señor; mi espalda está desnuda, ¡has estallar allí, con mano ruda el látigo que sangra a los perversos! Que está la tarde ya sobre mi vida, y esta pasión ardiente y desmedida la he perdido, ¡Señor, haciendo versos! Alfonsina storni |
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| LA CARICIA PERDIDA Se me va de los dedos la caricia sin causa, se me va de los dedos ... En el viento, al rodar, la caricia que vaga sin destino ni objeto, la caricia perdida, ¿quién la recogerá? Pude amar esta noche con piedad infinita, pude amar al primero que acertara a llegar. Nadie llega. Están solos los floridos senderos. La caricia perdida rodará... rodará... Si en los ojos te besan esta noche, viajero, si estremece las ramas un dulce suspirar, si te oprime los dedos una mano pequeña que te toma y te deja, que te logra y se va, si no ves esa mano ni la boca que besa, si es el aire quien teje la ilusión de llamar, oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos, en el viento fundida ¿me reconocerás? Alfonsina storni |
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| LA MIRADA Mañana, bajo el peso de los años, las buenas gentes me verán pasar, mas bajo el pelo oscuro y la piel mate algo del muerto fuego asomará. Y oiré decir: ¿quién es esa que ahora pasa? Y alguna voz contestará: -Allá en sus buenos tiempos hacía versos. Hace mucho ya. Y yo tendré mi cabellera blanca, los ojos limpios, y en mi boca habrá una gran placidez y mi sonrisa oyendo aquello no se apagará. Seguiré mi camino lentamente, mi mirada a los ojos mirará, irá muy hondo la mirada mía, y alguien, en el montón, comprenderá. Alfonsina storni |
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| LA QUE COMPRENDE Con la cabeza negra caída hacia adelante está la mujer bella, la de mediana edad, postrada de rodillas, y un Cristo agonizante desde su duro leño la mira con piedad. En los ojos la carga de una enorme tristeza, en el seno la carga del hijo por nacer, al pie del blanco Cristo que está sangrando reza: -¡Señor, el hijo mío que no nazca mujer! Alfonsina storni |
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| QUEJA Señor, mi queja es ésta, tú me comprenderás: De amor me estoy muriendo, pero no puedo amar. Persigo lo perfecto en mí y en los demás, persigo lo perfecto para poder amar. Me consumo en mi fuego, ¡señor, piedad, piedad! De amor me estoy muriendo Alfonsina storni |
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| CARTA LIRICA A OTRA MUJER Vuestro nombre no se, ni vuestro rostro conozco yo, y os imagino blanca, débil como los brotes iniciales, pequeña, dulce... Ya. ni se... Divina. En vuestros ojos, placidez de lago que se abandona al sol y dulcemente le absorbe su oro mientras todo calla. Y vuestras manos, finas, como aqueste dolor, el mío, que se alarga, alarga y luego se me muere y se concluye así, como lo veis, en algún verso. Ah, ¿sois así? Decidme si en la boca tenéis un rumoroso colmenero, si las orejas vuestras son a modo de pétalos de rosas ahuecados... Decidme si lloráis humildemente mirando las estrellas tan lejanas, y si en las manos tibias se os aduermen palomas blancas y canarios de oro. Porque todo eso y mas sois, sin duda, vos, que tenéis al hombre que adoraba entre las manos dulces; vos, la bella, que habéis matado, sin saberlo acaso, toda esperanza en mi... Vos, su criatura, porque él es todo vuestro: cuerpo y alma estáis gustando del amor secreto que guardé silencioso,.. Dios lo sabe por que, que yo no alcanzo a penetrarlo. Os lo confieso que una vez estuvo tan cerca de mi brazo, que a extenderlo acaso mía aquella dicha vuestra me fuera ahora... ¡Si!, acaso mía... Mas, ved, estaba el alma tan gastada, que el brazo mío no alcanzó a extenderse: la sed divina, contenida entonces, me pulió el alma... ¡Y el ha sido vuestro! ¿Comprendéis bien? Ahora, en vuestros brazos el se adormece y le decís palabras pequeñas y menudas que semejan pétalos volanderos y muy blancos, Acaso un niño rubio vendrá luego a copiar en los ojos inocentes los ojos vuestros y los de él, unidos en un espejo azul y cristalino... ¡Oh, ceñidle la frente: ¡Era tan amplia! ¡Arrancaba tan firme los cabellos a grandes ondas, que a tenerla cerca, no hiciera yo otra cosa que ceñirla! Luego dejad que en vuestras manos vaguen los labios suyos; el me dijo un día que nada era tan dulce al alma suya Como besar las femeninas manos... Y acaso alguna vez, yo, la que anduve vagando por afuera de la vida como aquellos filósofos mendigos que van a las ventanas señoriales a mirar sin envidia toda fiesta-, me allegué humildemente a vuestro lado y con palabras quedas, susurrantes, os pida vuestras manos un momento, para besarías yo como el las besa.. -Y al recubrirías lenta, lentamente, vaya pensando: "Aquí se aposentaron ¿cuanto tiempo sus labios, cuanto tiempo en las divinas manos que son suyas? ¡Oh que amargo deleite este deleite de buscar huellas suyas y seguirlas sobre las manos vuestras tan sedosas, tan finas, con sus venas tan azules! ¡Oh, que nada podría (ni ser suya, ni dominarle el alma, ni tenerlo rendido aquí a mis pies) recompensarme este horrible deleite de hacer mío un inefable, apasionado rastro! ¡ Y allí en vos misma, si, pues sois barrera, barrera ardiente, viva, que al tocarla ya me remueve este cansancio amargo, este silencio de alma en que me escudo, este dolor mortal en que me abismo, esta inmovilidad del sentimiento que solo salta bruscamente cuando nada es posible! Alfonsina Storni |
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| VEINTE SIGLOS Para decirte , amor, que te deseo, sin los rubores falsos del instinto, estuve atada como un Prometeo, pero una tarde me salí del cinto. Son veinte siglos que movió mi mano para poder decirte sin rubores. “Que la luz edifique mis amores”. Son veinte siglos los que alzó mi mano! Pasan las flechas sobre mis cabellos, pasan las flechas, aguzados dardos... son veinte siglos de terribles fardos! Sentí su peso al libertarme de ellos. Y no creas que tenga el brazo fuerte, mi brazo tiembla debilucho y magro, pero he llegado entera hasta el milagro: estoy acompañada por la muerte. Alfonsina Storni |
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